A 114 AÑOS DEL GRITO DE ALCORTA: LA REBELIÓN SANTAFESINA QUE TRANSFORMÓ EL CAMPO ARGENTINO

El 25 de junio de 1912, miles de pequeños y medianos arrendatarios rurales dijeron basta a la explotación de los grandes terratenientes. El movimiento, que tuvo su epicentro en el sur de Santa Fe, marcó el nacimiento del sindicalismo agrario y reconfiguró el mapa social y productivo del país.

Hay fechas que quedan grabadas a fuego en la identidad de una región, y para el interior santafesino, el 25 de junio es una de las más significativas. Hoy se cumple un nuevo aniversario del Grito de Alcorta, la histórica rebelión agraria que rompió con el modelo de explotación terrateniente de principios del siglo XX y dio origen a la Federación Agraria Argentina (FAA).

Aquel martes de 1912, la Sociedad Italiana de Alcorta —un punto de encuentro clave para la comunidad de inmigrantes— se convirtió en el escenario de una asamblea multitudinaria. Alrededor de dos mil agricultores, agobiados por los altos costos de los alquileres de la tierra, las malas cosechas y las condiciones abusivas de los contratos que imponían los latifundistas, declararon una huelga por tiempo indeterminado.

El detonante de la protesta

A pesar de que Argentina era catalogada en esa época como el «granero del mundo», la riqueza generada por el modelo agroexportador no llegaba a quienes trabajaban la tierra. Los colonos, en su mayoría inmigrantes italianos y españoles, debían entregar hasta el 50% de su producción a los dueños de los campos, afrontando además los costos de las maquinarias y los riesgos climáticos. La campaña de 1911, sumada a una fuerte crisis de endeudamiento, colmó la paciencia de las familias rurales.

El movimiento contó con el respaldo fundamental de figuras de la abogacía y el periodismo, entre ellos los hermanos Francisco y Netri, y el liderazgo de activistas locales como María Robotti. La huelga se extendió rápidamente como un reguero de pólvora por toda la provincia de Santa Fe y gran parte de Córdoba y Buenos Aires, paralizando la actividad agrícola en millones de hectáreas.

Un legado que sigue vivo

El conflicto se prolongó durante varios meses y forzó a los propietarios a ceder a las demandas de los huelguistas, logrando una rebaja sustancial en los arrendamientos y contratos más justos. Sin embargo, el mayor logro del Grito de Alcorta no fue económico, sino organizativo: demostró el poder de la unión de los trabajadores rurales y sentó las bases institucionales para la defensa del pequeño y mediano productor.

Más de un siglo después, el espíritu de Alcorta sigue resonando en las cooperativas, los centros juveniles agrarios y las economías regionales que sostienen el motor productivo de nuestras localidades. Recordar esta fecha es homenajear a los pioneros que, con valentía, transformaron el trabajo de la tierra en una bandera de dignidad.