CEUTA, UNA FRONTERA BAJO PRESIÓN

El cruce de migrantes marroquíes hacia el enclave español dejó casi un centenar de muertos. Qué hay detrás de una tragedia que se repite y qué actores tratan de capitalizarla, en la nota de la semana de Revista Acción.

Por Telma Luzzani – Espacio auspiciado por la Banca Solidaria Credicoop

Entre el 30 y 31 de julio, una nueva escena de crueldad azotó nuestros agónicos principios humanos. Decenas de miles de marroquíes, la mayoría varones muy jóvenes, nadaron durante horas desde su país para alcanzar el territorio vecino de Ceuta (un enclave de 18,5 kilómetros cuadrados, en la punta africana del Estrecho de Gibraltar), zona que pertenece a España desde 1668.

Casi un centenar de esos jóvenes murió ahogado durante la travesía. Mientras sucedía este éxodo masivo, desde sus puestos de frontera y en un gesto absolutamente inusual, las fuerzas de seguridad de Marruecos, que en otro momento habrían actuado sin titubear, se mantuvieron inmóviles y dejaron hacer. Desde la Corona marroquí no hubo ninguna reacción oficial. El peso mediático y político de la catástrofe recayó sobre el jefe del Gobierno español, el socialista Pedro Sánchez.

No es la primera vez que en esta sensible frontera hispano-marroquí se producen avalanchas migratorias. Si bien los datos oficiales de Naciones Unidas señalan que los migrantes por guerra, hambre, pobreza o persecución, en 2026, se focalizaron, mayoritariamente, en Afganistán, Sudán y Siria, el Mediterráneo siempre ha sido una zona crítica.

Según la Organización Internacional para las Migraciones, solo en el primer cuatrimestre de 2026 cerca de 1.300 personas han muerto al intentar cruzar ese mar para alcanzar las costas europeas. La zona de Gibraltar, sin embargo, no es la peor. Según la Agencia Europea de la Guardia de Fronteras y Costas (Frontex), la ruta del Mediterráneo oriental y central concentra el 60% de las llegadas irregulares.

Causas de una huida masiva

La política de «equilibrio fiscal» implementada por la monarquía marroquí ha profundizado la grieta económico-social, sobre todo en el interior del país, alejado de las áreas turísticas. En estas zonas, la desigualdad social es amplia y el acceso a la educación y la salud, más que deficiente.

La huida masiva de jóvenes no es casualidad. Con las políticas neoliberales de Marruecos, el desempleo y la falta de oportunidades han crecido. Datos oficiales indican que el 37% de los jóvenes de ese país está sin trabajo y es muy difícil que lo obtengan.

En esta ocasión, sin embargo, el episodio no parece haber sido apenas una fuga espontánea sino una operación mediático-política que recorrió varios actores y continentes.

Si se analiza con perspectiva política, el uso espurio de los migrantes (forzados por las guerras o por la pobreza que genera un capitalismo financiero cada vez más asfixiante) fue ganando terreno. Primero fue el crecimiento de los negocios ilegales de las mafias. Luego el uso de las proclamas xenófobas de extrema derecha para ganar elecciones.

Más tarde, en Gobiernos de ultraderecha, como el de Jair Bolsonaro en Brasil o Donald Trump en Estados Unidos, la xenofobia y la persecución se convirtieron en políticas de Estado. La naturalización de los discursos del odio y del miedo (dos caras de la misma moneda) pasaron a ser parte del «sentido común» y permitieron justificar e implementar medidas represivas.

El actual incidente en Ceuta pareciera estar mostrando que el drama de los inmigrantes ha escalado un peldaño más y que puede ser usado también para operaciones de disciplinamiento (¿de desestabilización?) contra un Gobierno, como el de España, que no se pliega a las directrices del «orden basado en reglas» occidental.

Además del silencio del rey Mohamed VI de Marruecos (quien dejó hacer), llamó la atención la inmediata reacción punitiva, en cadena, de Estados Unidos, Israel, Italia y otros países europeos contra La Moncloa.

Liderados por Italia y Dinamarca, 22 países enviaron una carta durísima oponiéndose a la política migratoria de España (no firmaron Francia, Portugal e Irlanda).

Simultáneamente, desde EE.UU., Trump y su canciller Marco Rubio acusaron a Sánchez de alentar la inmigración ilegal y la vocera de la Casa Blanca apuntó contra Madrid por «aplicar políticas de extrema izquierda y globalistas incluida la facilitación de la migración masiva».

Presiones y disputas

En el drama humanitario que explotó en Ceuta hay mucho en juego a nivel geopolítico: el paso comercial de Gibraltar (tan estratégico como los estrechos de Ormuz o Bab al Mandeb), la consolidación de EE.UU. e Israel en el norte de África (Marruecos es un aliado de Tel Aviv) y el constante debilitamiento de la Unión Europea que no encuentra cómo superar la caótica situación interna son apenas algunos de los puntos en disputa en este mundo en transformación.​​​​​​​​​​​​​​