CINCUENTA AÑOS DE PURA DULZURA: LA FÁBRICA «EL ROSQUINENSE» CELEBRÓ MEDIO SIGLO DE TRAYECTORIA

La emblemática empresa de la vecina localidad de Cañada Rosquín festejó sus 50 años de historia. En diálogo exclusivo, su presidente, Hugo Bearzotti, repasó el camino recorrido, los desafíos de la producción y la proyección internacional de un clásico regional.

La tradicional fábrica de dulce de leche «El Rosquinense», radicada en la vecina localidad de Cañada Rosquín, celebró sus 50 años de vida institucional y comercial. Para conmemorar esta fecha tan significativa, la empresa llevó a cabo un importante evento de celebración en el Hotel Pampas de la localidad, reuniendo a proveedores, clientes, personal y allegados.

Medio siglo de crecimiento y sabor

Las actividades de la firma se iniciaron en el transcurso del año 1976, convirtiéndose con el paso de las décadas en un referente indiscutido de la producción láctea.

«Sí, se cumplieron 50 años de la iniciación de la fabricación de dulce de leche a través de ‘El Rosquinense’. Tomamos esta fecha de festejo por una cuestión de celebración; no es exactamente el día, sino en el curso del año 76 que se inician las actividades», expresó Hugo Bearzotti, presidente de la empresa.

A lo largo de este medio siglo, la empresa supo transformarse para ganar espacio en un mercado competitivo y tradicional. Con una clara orientación industrial, «El Rosquinense» abastece tanto el consumo familiar como a industrias de gran volumen vinculadas con la elaboración de alfajores, magdalenas y heladerías.

Expansión internacional y nuevos mercados

Consultado sobre la presencia de la marca fuera del país, Bearzotti confirmó que la firma ya exporta a Chile desde hace dos o tres años. Además, con la apertura de nuevas normativas para la exportación a cualquier lugar del mundo, se han intensificado los contactos y concretado negocios con países como Brasil, Paraguay, Bolivia y Perú.

No obstante, el titular de la firma aclaró que el comercio exterior requiere de un proceso burocrático riguroso:

«Todo esto lleva muchos meses; el comercio exterior no es tan sencillo, es bastante burocrático porque depende de muchas organizaciones, inscripciones de marca, autorizaciones y etiquetas que reflejen los requisitos de cada país», señaló. Actualmente, se encuentran ultimando los primeros envíos a Brasil y la documentación correspondiente para Bolivia.

Estructura, personal y producción artesanal con calidad industrial

Con una plantilla que ronda los 40 empleados entre puestos directos e indirectos, la empresa mantiene su impronta de calidad elaborando un producto clásico, sin utilizar concentradores industriales acelerados que resten las cualidades exigidas por el mercado local.

Asimismo, durante los meses previos a las fiestas de fin de año, la compañía incrementa su producción con la tradicional elaboración de turrones de maní y chocolate, un producto estacional que demanda una logística temporal específica de agosto a noviembre con la colaboración de 30 a 40 personas adicionales.

Un vínculo especial con la comunidad

El festejo llevado a cabo el pasado jueves dejó una profunda emoción en sus protagonistas. Bearzotti, quien se vinculó a la empresa en el año 1977 —cuando la firma apenas llevaba seis o siete meses y el propietario original desistió del emprendimiento—, destacó el orgullo de haber transitado su vida profesional junto al crecimiento de la planta:

«Son 50 años de los años productivos de mi vida. Me vine a vivir hace poco a Cañada cuando me vinculé a la empresa… Imaginate cómo no me va a pegar. Emocionalmente es muy importante, y la fiesta tuvo un efecto muy emotivo porque estos años dejan huellas en todos los que han participado.»