El pasado 28 de mayo se celebró el Día Internacional del Ceramista, una fecha que tuvo un origen muy particular. Según relató la artista local Claudia Decorte, la iniciativa comenzó en Brasil de la mano de una creadora llamada Solange. A través de las redes sociales, específicamente en Facebook, se convocó a un grupo de realizadores con la propuesta de compartir la producción de cada uno.
Lo que inició entre 2017 y 2018 como una movida virtual para visibilizar, difundir, compartir experiencias, debatir problemáticas y conectar con proveedores o clientes, terminó transformándose con los años en una celebración de alcance mundial que hoy nuclea a la comunidad artística de diversos países.
Un camino que nació en el sur y echó raíces en El Trébol
Aunque Claudia Decorte regresó a vivir a El Trébol en el año 2018, su historia con el barro y el fuego comenzó mucho tiempo atrás y muy lejos de aquí. En 1990, mientras residía en Bariloche, asistió al taller de una escultora ceramista. Desde aquel momento, nunca más se detuvo. Su formación se nutrió a lo largo de las décadas participando en encuentros provinciales, nacionales y regionales, además de tomar clínicas y clases con reconocidos maestros de este arte.
Decorte, quien se jubiló hace cinco años de su profesión en mecánica dental —otra labor que confesó amar profundamente—, decidió volcarse por completo, mañana y tarde, a su gran pasión.
«La cerámica es mi filosofía de vida. El objeto cerámico va a vivir más que nosotras; pasa por el fuego a una cierta temperatura y se convierte en algo eterno».
El arte como terapia y aprendizaje
Para Claudia, el proceso de modelar con las manos va mucho más allá de la creación de una taza o un utilitario. Define a la actividad como una herramienta sanadora y un ejercicio de introspección.
La paciencia como pilar: Explicó que la cerámica obliga a manejar la ansiedad, ya que todo requiere un tiempo de espera riguroso: el secado de la pieza, el horneado, el enfriamiento y el esmaltado.- El desapego y la resiliencia: El proceso también enseña a lidiar con la frustración. Si una pieza se raja o se rompe, se vuelve al agua y se empieza de nuevo desde cero. «De eso aprendemos, de los errores. Te ayuda a frenar, mirar y seguir», reflexionó.
Puertas abiertas y comunidad
Con el objetivo de transmitir este proceso y ayudar a que se valore el trabajo artesanal, Claudia dicta talleres en la ciudad. En el marco de las celebraciones por su día, abrió las puertas de su espacio por la tarde para recibir a vecinos y amigos, invitándolos a compartir unos mates y a moldear sus propias «piedritas de la calma», unas pequeñas placas cerámicas diseñadas para adaptarse a la mano y ayudar a combatir el estrés.
Sobre el cierre, la ceramista aprovechó la oportunidad para enviar un afectuoso saludo a sus alumnas, a las futuras ceramistas y a sus colegas de la región, instando a toda la comunidad a continuar con este oficio maravilloso.
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