LA AMENAZA DEL SÚPER NIÑO

Mientras el mundo se prepara para un evento meteorológico extraordinario afinando sus sistemas de alerta y prevención, el Gobierno argentino los desmantela. Lluvias extremas, suelos saturados y daños humanos y materiales en la nota de la semana de Revista Acción. Espacio auspiciado por Banco Credicoop

Por Jorgelina Hiba

​​​El Niño, un fenómeno de variabilidad climática natural que afecta a todo el planeta con una periodicidad que puede ir de los 2 a los 7 años, viene recargado como pocas veces antes y ya fue catalogado como «muy fuerte» en su versión 2026/2027. En Argentina, esto significa que lloverá por encima de lo normal, sobre todo en el noreste del país, saturando de agua los suelos agrícolas e inundando cuencas y deltas del sistema del Plata.​​​​​​​

​​​​​​​Ante este evento, que se pronostica particularmente intenso, el mundo se prepara afinando sus sistemas de alerta y prevención. Argentina, en cambio, responde con organismos degradados como nunca. Universidades, el sistema de ciencia y tecnología, el Servicio Meteorológico Nacional, el INA (Instituto Nacional del Agua) y el INTA ya no son lo que eran y solo garantizan una endeble y precarizada respuesta institucional al clima extremo, después de la seguidilla de desfinanciamiento, recortes, subejecuciones presupuestarias y agresiones de todo tipo encabezadas por la presidencia de Javier Milei.

A ciegas

​​​​​​​El Gobierno argentino decidió desmantelar uno de los servicios meteorológicos más antiguos y prestigiosos del mundo. «El SMN lleva 153 años de funcionamiento ininterrumpido, con todos los Gobiernos, cumpliendo una función clave. Esta institución está siendo desarmada en medio de la crisis climática más severa de la humanidad», sintetizó Lucas Michelaud, de Abogados Ambientalistas, organización que acaba de presentar un amparo colectivo ambiental contra el Estado nacional para que la Justicia federal «frene este desmantelamiento». En menos de tres años, el presupuesto real del SMN cayó un 43% y la planta de empleados pasó de 1.148 a menos de 850. En ese lapso, la cantidad de estaciones que reportan datos de superficie pasó de 63 a 42. «Tenemos cada vez menos ojos puestos sobre el clima, se dejaron de hacer observaciones nocturnas en varias estaciones del país, tenemos zonas ciegas», agregó, para resaltar que el Niño tan intenso que se viene encontrará el sistema de alerta y monitoreo «con menos personal, menos estaciones y menos recursos».

El costo de la inacción

Walter Pengue es ingeniero agrónomo y participa como experto en el IPCC, el Grupo Intergubernamental sobre el Cambio Climático creado por la ONU en 1988. Desde su mirada y experiencia, uno de los conceptos más potentes a la hora de pensar las crisis climáticas es el costo de la inacción: no hacer nada o hacerlo mal, aún con evidencia científica abrumadora sobre sus consecuencias. «El costo de la inacción frente a la crisis climática es cada vez más alto y además es medible. No tomar buenas decisiones ambientales genera daños humanos, materiales y productivos», señaló el experto, para quien la inacción «cuesta» tanto como las malas inversiones y las subejecuciones, lo que incluye, por ejemplo, subsidios distorsivos para industrias extractivistas, como ocurre en Argentina con el sector energético. «No solo Argentina, otros países, con Estados Unidos a la cabeza, han dejado de apoyar la investigación de base y discontinuado el monitoreo de variables climáticas y ambientales clave, lo que afecta a la producción de datos científicos», dijo Pengue, para quien este abandono que hacen los Gobiernos de las neoderechas está atado al negacionismo climático. «La preocupación principal respecto a cómo transitar este Niño intenso o muy fuerte recae sobre el deterioro del sistema científico y su base, que son las universidades nacionales», explicó.

​​​​​​​Sin vocación de servicio

Borus, que conoce como pocos el trabajo que desde hace décadas realiza el INA, trazó un oscuro escenario del estado de las instituciones argentina en materia de prevención y monitoreo de emergencias. En ese sentido, recordó cuánto costó crear el Sinagir (Sistema Integral de Gestión de Riesgos), a partir de una ley sancionada en 2016: «Nos costó muchísimo llegar a tener una ley de protección civil, a la que muchos alimentamos durante dos gestiones opuestas en lo ideológico como la de Mauricio Macri y la de Alberto Fernández, siempre con la idea de fortalecerla», recordó. «Ignoran el valor de la palabra servicio, mucho más el valor del concepto de vocación de servicio. Un privado, por mejor que sea, jamás va a prestar un servicio como el que puede prestar un organismo nacional con 150 años de trayectoria como el SMN. Es expertise acumulada durante muchos años, de muchos profesionales con mucha interacción», mencionó Borus.

​​​​​​​Con organismos jaqueados, desfinanciados y muchas veces sin dirección, los esfuerzos se diluyen, los grandes proyectos se caen y solo quedan algunos pocos programas, con poca gente y escasa o nula recompensa. «Este embate a organismos de generación de conocimiento nos pone por debajo de la capacidad de países vecinos. Creo en la capacidad del Estado y en su rol y nunca vi algo como lo que está pasando», concluyó el especialista. Mientras el mundo mejora sus sistemas de alerta y prevención meteorológica frente a la crisis climática, Argentina los desarma.