PASIÓN Y OFICIO: DOS PELUQUERAS DE EL TRÉBOL NOS CUENTAN EL ARTE DETRÁS DE SU PROFESIÓN

El Día del Peluquero, es una fecha pensada para admirar, recordar y valorar el trabajo de quienes —con creatividad, dedicación y un profundo profesionalismo— se encargan de embellecernos y hacernos sentir mejor.

Para conmemorar esta jornada, desde Región Emprendedora dialogamos con dos reconocidas profesionales de nuestra ciudad, Rosana Derito y Marisa Luna, quienes nos compartieron sus vivencias, los desafíos del sector y la intimidad de un trabajo que combina técnica, arte y contención humana.

Rosana Derito: «Esto es un sueño hecho realidad y una pasión de toda la vida»

Para Rosana, ser peluquera no fue una elección al azar, sino el cumplimiento de un anhelo que nació en su infancia.

«Para mí este emprendimiento significa mucho. Es un sueño hecho realidad desde muy chica, cuando decidí que quería ser peluquera», confesó con orgullo.

Al ser consultada sobre el esfuerzo que demanda la profesión, remarcó la importancia de la capacitación constante: «El sacrificio es no quedarse solo con el título, sino invertir en cursos, perfeccionamiento y renovación de sillones, herramientas o productos para atender cada vez mejor al cliente».

Además de su labor en el salón, Rosana se desempeña como instructora y dejó un valioso mensaje para los jóvenes que se inician en el rubro:

«Les diría que todo esfuerzo tiene su recompensa. Es una salida laboral rápida, pero te tiene que gustar y apasionar. No hay que quedarse solo con lo aprendido, hay que seguir profesionalizándose siempre».

Marisa Luna: «Las clientas son fieles y el salón es un espacio de contención»

Con 27 años de trayectoria en la profesión, Marisa reflexiona sobre cómo ha cambiado la peluquería y cómo ha sabido adaptar su propuesta sumando servicios complementarios como pestañas, cejas y maquillaje.

«Lo que más disfruto de ser peluquera es el trato con las clientas. Ellas son muy fieles y traen un cariño enorme. A veces uno anda cansado por el ritmo de trabajo, pero vienen con alegría y esa empatía te renueva», expresó.

Sobre los desafíos técnicos, recordó entre risas algunos trabajos complejos como lograr colores fantasía en varias tonalidades o armar peinados creativos para los eventos del jardín: «A mí me gusta todo lo desafiante y lograr exactamente lo que la clienta trae como referencia».

Por último, ambas coincidieron en un aspecto clave que trasciende lo estético: la escucha. «Más allá del sillón, los peluqueros terminamos siendo un poco psicólogos; escuchamos, acompañamos y damos una palabra de aliento», concluyeron entre risas.