SAN VICENTE, LA HISTORIA DETRÁS DE LAS COSECHADORAS QUE HICIERON HISTORIA

Un documental recupera el legado de Senor, Bernardín y Bofelli, tres fábricas que convirtieron a esta localidad santafesina en uno de los grandes polos de maquinaria agrícola de la Argentina. “Tracción a sangre”, de Luciano Prósperi, se presenta este jueves con entrada libre y gratuita.

Hay localidades que construyen su identidad alrededor de una actividad. En San Vicente, esa identidad se forjó entre fábricas, trabajadores, máquinas agrícolas y una enorme capacidad de innovación.

Durante buena parte del siglo XX, el movimiento industrial fue protagonista de la vida cotidiana de esta localidad del centro santafesino. De sus galpones salieron máquinas que transformaron el trabajo rural y que dejaron una marca en la historia de la maquinaria agrícola argentina.

Tres nombres resultan fundamentales para entender ese proceso: Senor, Bernardín y Bofelli.

Las tres fábricas llegaron a funcionar simultáneamente en San Vicente, una localidad que por entonces tenía alrededor de 5.000 habitantes. El fenómeno industrial fue de tal magnitud que el pueblo llegó a ser reconocido como un verdadero polo nacional de fabricación de cosechadoras.

Esa historia es la que recupera el documental “Tracción a sangre”, realizado por Luciano Prósperi, que tendrá su presentación este jueves 8 de octubre, a las 19.30, en el Auditorio “Rony Vargas” del Club Atlético Brown de San Vicente. La entrada será libre y gratuita.

El comienzo de una revolución industrial

Luciano Prósperi

La historia se remonta a las primeras décadas del siglo XX.

En 1920, los hermanos Juan y Emilio Senor, dedicados a la actividad de trilladores y contratistas, comenzaron a desarrollar una máquina propia. Conocían de cerca las dificultades que presentaban los equipos importados y buscaban soluciones adaptadas a las características del campo argentino.

Tres años antes ya habían patentado un dispositivo alimentador de trilladora que permitía reemplazar parte del trabajo manual.

En 1920 dieron un paso decisivo: comenzaron a fabricar su propia cosechadora.

La primera máquina contó con el respaldo económico de Simón Boffelli, un colono de San Vicente, e incorporó una innovación para la época: un motor Otto Deutz que accionaba la trilladora y permitía mantener una velocidad constante, independientemente del ritmo de los caballos.

Aquella innovación fue patentada y marcó el comienzo de una nueva etapa.

Así nació Senor, considerada por Prósperi como la primera fábrica de cosechadoras de Sudamérica dedicada a la fabricación en serie.

Tres fábricas que marcaron a una localidad

El crecimiento de Senor abrió las puertas a nuevos emprendimientos y conocimientos dentro de la propia comunidad.

Andrés Bernardín, quien había trabajado en Senor, comenzó posteriormente a desarrollar sus propias máquinas y en 1925 fundó su fábrica. Entre sus innovaciones se destacó una plataforma ubicada al costado de la cosechadora, también patentada.

Décadas después, durante los años 50, los descendientes de Simón Boffelli dieron origen a Industria Bofelli.

Durante un período, las tres fábricas funcionaron al mismo tiempo.

Tres establecimientos industriales, tres sirenas que marcaban las jornadas y cientos de trabajadores en una localidad pequeña.

El impacto de aquella industria fue enorme. Durante la década del 60, San Vicente llegó a ser la localidad argentina que más hierro consumía por habitante para la fabricación de maquinaria agrícola.

La importancia de la actividad también quedó reflejada en la tradicional Fiesta de la Cosechadora, que recibió a presidentes de la Nación como Arturo Frondizi, en 1960, y Arturo Illia, en 1964, además de autoridades provinciales.

San Vicente había dejado de ser solamente una localidad del interior santafesino: su industria era parte de la historia productiva del país.

San Vicente y Sunchales: dos capítulos de una misma historia

La historia de las cosechadoras también generó durante años una particular disputa simbólica entre San Vicente y Sunchales.

Sin embargo, para Prósperi, ambas localidades forman parte de una misma evolución tecnológica.

Mientras Senor se destacó por la fabricación en serie de una cosechadora de tracción a sangre, Rotania, en Sunchales, desarrollaría posteriormente la primera cosechadora autopropulsada.

Dos hitos diferentes dentro del proceso que llevó a la maquinaria agrícola argentina a convertirse en una industria de enorme relevancia.

Casi tres décadas detrás de una historia

“Tracción a sangre” no nació de una investigación reciente.

Prósperi comenzó a interesarse por la historia de las fábricas cuando tenía apenas 20 años. En 1997 realizó un programa para el cable local y, mientras buscaba material sobre Senor, encontró unas latas con películas filmadas por el documentalista santafesino Luis Trossero.

El material permanecía guardado en un antiguo galpón. Su recuperación y posterior digitalización en HD permitieron rescatar documentos audiovisuales de gran valor histórico.

A partir de allí comenzó una investigación que se extendió durante años.

El vínculo familiar de Prósperi con esta historia también fue importante: su padre trabajó en Senor y Bernardín y participó en el diseño de distintos modelos de cosechadoras, entre ellos la V60.

El documentalista recorrió archivos, entrevistó a trabajadores y buscó descendientes de las familias vinculadas con aquellas fábricas. La investigación incluso lo llevó hasta Perú e Italia.

Las viejas máquinas volvieron a las calles

Uno de los momentos más emotivos del documental se produjo apenas una semana antes de su presentación.

Máquinas restauradas por la familia Cignetti volvieron a recorrer las calles de San Vicente, en un desfile que permitió reencontrar a la comunidad con aquellas herramientas que alguna vez fueron parte de la vida cotidiana del pueblo.

La intención fue que los propios habitantes fueran protagonistas de la historia y pudieran mostrar que, aunque las grandes fábricas dejaron de fabricar cosechadoras, el espíritu industrial de San Vicente permanece.

Actualmente, Bernardín continúa funcionando, aunque ya no fabrica cosechadoras. La empresa produce implementos agrícolas y comercializa productos importados.

Al mismo tiempo, la localidad fue incorporando nuevas industrias y emprendimientos vinculados a distintos sectores productivos.

La industria cambió, pero la capacidad de producir, innovar y reinventarse continúa formando parte de la identidad local.

Más que nostalgia: preservar una identidad

“Tracción a sangre” no busca solamente recuperar un pasado industrial.

También pone sobre la mesa la necesidad de preservar una historia que todavía no cuenta con un museo de cosechadoras ni con una máquina restaurada que funcione como símbolo en el acceso a la localidad.

Para Prósperi, recuperar ese legado significa transmitir a las nuevas generaciones el conocimiento de una época en la que un pequeño pueblo santafesino fue capaz de convertirse en referente nacional de la maquinaria agrícola.

Y quizás allí esté la verdadera historia detrás del documental.

Cuando los hermanos Senor comenzaron a fabricar aquella primera cosechadora, en 1920, el ferrocarril todavía no había llegado a San Vicente.

Sin embargo, el pueblo ya había comenzado a fabricar sus propias herramientas para transformar su realidad.

La cita es este jueves

El documental “Tracción a sangre”, de Luciano Prósperi, se presentará este jueves 8 de octubre, a las 19.30, en el Auditorio “Rony Vargas” del Club Atlético Brown de San Vicente.

La entrada será libre y gratuita.

Una oportunidad para conocer, recuperar y poner en valor una parte fundamental de la historia industrial santafesina: la de un pueblo que hizo de las cosechadoras mucho más que máquinas y las convirtió en parte de su identidad.

Fuente: San Vicente Región