Este 16 de septiembre se conmemoró un hito fundamental en la historia argentina: se cumplieron 50 años de «La Noche de los Lápices», trágico operativo represivo de la última dictadura militar en el que diez jóvenes estudiantes secundarios de La Plata fueron secuestrados por defender sus derechos y militar por causas sociales. En su memoria, cada 16 de septiembre se conmemora en todo el país el Día de los Derechos del Estudiante Secundario.
A medio siglo de aquel acontecimiento, las banderas del compromiso juvenil y la memoria colectiva volvieron a tomar las calles de las principales ciudades del país.
Rosario levantó la voz desde la Plaza San Martín hasta el Monumento
En la ciudad de Rosario, la jornada estuvo signada por una masiva movilización estudiantil que comenzó a concentrarse durante la tarde en la Plaza San Martín.
Alumnas, alumnos, centros de estudiantes secundarios y universitarios, junto a organizaciones sociales y sindicales, marcharon por las calles céntricas hasta culminar en el predio del Monumento Nacional a la Bandera. Durante la columna de marcha se destacaron los reclamos por una educación pública de calidad, la memoria de los estudiantes desaparecidos y la defensa continua de los derechos conquistados.
Un legado que no se apaga
Medio siglo atrás, grupos de tareas de la Policía Bonaerense y del Batallón 601 del Ejército ejecutaron un violento operativo en La Plata, donde secuestraron de sus casas a diez estudiantes de entre 16 y 18 años. Cuatro sobrevivieron y seis continúan desaparecidos. La fecha, por una ley de 2014, quedó institucionalizada como Día de los Derechos de los Estudiantes Secundarios.
Las víctimas eran militantes de la Unión de Estudiantes Secundarios (UES) y de la Juventud Guevarista.
Meses antes habían encabezado activamente los reclamos y movilizaciones estudiantiles para conseguir el boleto estudiantil secundario, un beneficio que aliviaba el costo del transporte público para los jóvenes.
Los hechos ocurridos en septiembre de 1976 —donde seis de los diez jóvenes secuestrados aún continúan desaparecidos— marcaron a fuego a generaciones de argentinos. A 50 años de aquella noche trágica, la juventud demostró una vez más que la memoria sigue activa y que la defensa de la democracia y la educación pública es un compromiso irrenunciable.





