En una conmovedora marcha por el reciente femicidio de Lucrecia, la hermana de Florencia Gómez —la joven de 35 años asesinada en 2020— alzó la voz con un discurso desgarrador que interpela a toda la comunidad y desnuda la desprotección estructural de las mujeres.
Piamonte. El eco de la impunidad volvió a movilizar a la comunidad de San Jorge y la región. En una plaza colmada por el pedido unísono de justicia ante el brutal femicidio de Lucrecia, la palabra de Gabriela Gómez caló hondo en los presentes. Hermana de Florencia Gómez —la mujer de 35 años, referente en la lucha por cuestiones de género dentro del Partido Comunista y cofundadora de la agrupación Las Chuecas, cuyo cuerpo fue hallado sin vida en un descampado en las afueras de la ciudad el 12 de octubre de 2020—, Gabriela transformó el dolor familiar en una interpelación colectiva sobre el miedo, la educación de los varones y las fallas crónicas del sistema institucional.
Con la memoria viva de Florencia, cuyo proceso judicial transita hoy un momento crucial de cara a la apertura del juicio tras avances importantes en el último tiempo, Gabriela empatizó con el entorno de Lucrecia, marcando las trágicas similitudes que unen a casi todos los casos de violencia de género. Lucrecia tenía una orden perimetral, había denunciado penalmente a su agresor y contaba con una red de contención entre sus amigas. Sin embargo, nada de eso alcanzó para evitar el desenlace fatal.
“No puedo entender cómo el sistema todavía no nos protege… Sucede el ABC de todos los femicidios: tenía perimetral, estaba denunciado, era un violento. Si nos pegan, nos pueden matar”.
Durante su alocución, Gómez expuso la desgarradora realidad de la cotidianidad femenina, marcada por un aprendizaje preventivo desde la infancia: “Nosotras sabemos lo que es vivir con miedo. Lo sabemos cuando salimos, cuando las adolescentes van al boliche o cuando conocemos a alguien nuevo. Nos enseñan a cuidarnos desde chicas, a no pasar frente a un grupo de varones para no ser vulnerabilizadas”. Frente a esto, exigió un cambio radical en la responsabilidad social, quitando el peso exclusivo sobre las mujeres y trasladándolo al núcleo familiar y a los hombres: “No es nuestra responsabilidad como mujeres. Es una tarea de los papás, de los compañeros, de los hogares que eligen traer hijos al mundo: ¿Cómo estamos criando a nuestros hijos varones?”.
Finalmente, hizo un llamado a no naturalizar las violencias sutiles ni los comentarios despectivos que minimizan la problemática en los pueblos de la región. “Estamos obsesionadas con nuestras vidas, con estar vivas”, sentenció con crudeza, instando a tejer redes comunitarias sólidas. “Sostenernos y formar red es vital. Nada va a devolvernos a Lucrecia ni a Flor, el dolor es inmenso, pero si algo podemos cambiar para que no haya otra Lucrecia, tenemos que movernos”.
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Las declaraciones aquí plasmadas forman parte de una cobertura especial. Invitamos a todos nuestros lectores a escuchar el testimonio directo y el audio completo de Gabriela Gómez. Su voz, sin cortes ni ediciones, expone una realidad urgente que nos involucra a todos como sociedad.





