Rosario, Santa Fe — En las primeras horas de este sábado 8 de agosto, se confirmó una noticia que conmociona al deporte internacional: a los 68 años, falleció Jorge Horacio Messi en un sanatorio de la ciudad de Rosario, tras batallar durante varios meses contra una grave enfermedad.
Por Redacción Deportes
El padre del capitán de la Selección Argentina permanecía internado en su ciudad natal, donde estuvo acompañado por su entorno más íntimo hasta sus últimos momentos. Su partida deja un vacío inmenso en su familia, en la comunidad rosarina y en toda la estructura del fútbol profesional, donde se desempeñó durante más de dos décadas como el principal representante y protector de la carrera de su hijo Lionel.
De las fábricas de Grandoli a la gloria del fútbol global
La historia de Jorge Messi no se entiende sin las calles de barrio Las Heras y las instalaciones de Grandoli, la entidad rosarina donde comenzó la travesía. Obrero metalúrgico de oficio y apasionado por el deporte, Jorge asumió desde los primeros años de Lionel el rol de guía técnico, contención emocional e impulsador incondicional.
Cuando las puertas del fútbol local parecieron cerrarse debido al costo del tratamiento hormonológico que requería un joven Lionel, fue la determinación de su padre la que abrió los horizontes hacia Barcelona. Asumiendo los riesgos de cruzar el océano con una familia a cuestas, Jorge encabezó la búsqueda de oportunidades sin garantismo alguno, priorizando siempre la salud y el bienestar de su hijo por encima de cualquier negocio.
A lo largo de los años, mientras Lionel ascendía al Olimpo deportivo, Jorge administró su carrera bajo una premisa innegociable: el perfil bajo. Pese a gestionar acuerdos de envergadura global con los clubes y marcas más influyentes del planeta, prefirió siempre mantenerse alejado de las luces del escenario y las cámaras, dejando que el protagonismo perteneciera exclusivamente a su hijo dentro del terreno de juego.
La herencia intangible: los valores que forjaron a una leyenda
Más allá de los contratos y las decisiones de carrera, el legado más trascendente que Jorge le transmite al mundo a través de Lionel reside en el código ético y la templanza con la que la familia habitó la cima del éxito mundial:
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Humildad y pies en la tierra: A pesar de la opulencia y el éxito sin precedentes, Jorge inculcó en Lionel el valor de las raíces. La austeridad en las formas, el respeto por el origen rosarino y la sencillez en el trato diario fueron banderas que la familia jamás arrió.
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Resiliencia ante la adversidad: La tenacidad para no bajar los brazos ante las negativas médicas o corporativas durante la infancia de Lionel fue la primera gran lección de vida. Esa misma perseverancia fue la que el capitán argentino exhibió décadas después para superar las derrotas deportivas hasta alcanzar la gloria máxima.
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Lealtad y priorización de la familia: Jorge enseñó que los afectos primarios son el único refugio genuino ante la volatilidad de la fama. Mantener a la familia unida como un bloque compacto fue la coraza que protegió a la figura de Messi de las presiones del entorno profesional.
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Cultura del trabajo y bajo perfil: En una época dominada por la ostentación y el espectáculo mediático, el padre del astro mantuvo la sobriedad como marca de agua. Su ética laboral como exobrero se tradujo en la disciplina diaria que Lionel aplicó a lo largo de más de veinte años al más alto nivel competitivo.
El mundo del fútbol despide hoy al sostén silencioso tras la figura más grande que haya dado este deporte; un padre que entendió que su rol no era brillar, sino construir el suelo firme sobre el cual su hijo pudiera volar.





