Una emotiva crónica en la voz de la docente y creadora local Aida Figueredo, sobre cómo un salón de clases en plena pandemia se transformó en un proyecto editorial con proyección nacional.
Arandú Cuadernos nació durante la pandemia, a partir de una necesidad y, sobre todo, de mi vocación por enseñar.
En aquellos días, muchos niños necesitaban acompañamiento escolar. Yo había preparado en mi casa un salón exclusivamente para dar clases, con pizarrón, mapas, biblioteca, libros, una mesa grande con seis sillas y hasta mi propio escritorio, que también utilizaban los alumnos.
Pero la cantidad de chicos fue creciendo y aquel salón dejó de alcanzarme. Entonces coloqué otro pizarrón en el comedor, organicé un segundo grupo de seis alumnos y preparé también un espacio para investigar y consultar libros.
Mi casa se había convertido en una verdadera escuela.
Llegué a trabajar con más de 120 niños, organizados por grados y en turnos de dos horas, desde las ocho de la mañana y, muchas veces, hasta las ocho de la noche.
Me volví a poner el guardapolvo. Les explicaba los temas, corregía sus actividades, les tomaba lecciones y acompañaba sus aprendizajes. Fueron días de muchísimo trabajo, pero también de una enorme felicidad.
Como atendía a niños de diferentes grados, necesitaba organizar mejor las clases. No podía escribir tantas explicaciones y consignas distintas en los pizarrones.
Así nació la idea de preparar mis propios cuadernillos.
Eran materiales sencillos, impresos en blanco y negro, con las definiciones, las consignas y las actividades organizadas para cada grado. Trabajaba las cuatro áreas: Lengua, Matemática, Ciencias Sociales y Ciencias Naturales.
Esto me permitió aprovechar mucho mejor el tiempo. Explicaba los temas y después recorría las mesas, acompañando y corrigiendo el trabajo de cada alumno.
En aquella primera etapa conté con la ayuda de Guillermo Lapenna, quien fue fundamental para la impresión de los primeros cuadernillos.
En ese momento no pensaba en un emprendimiento comercial. Si bien cobraba los materiales, lo hacía para cubrir los gastos de imprenta y poder continuar trabajando con los niños.
Aquellos primeros cuadernillos llevaban el nombre de AF Libros y Cuadernos.
Al finalizar la pandemia, comencé a revisarlos y perfeccionarlos. Decidí concentrarme en Lengua y Matemática, desarrollando materiales desde primero hasta séptimo grado. Más adelante incorporé también cuadernos para niños de cuatro y cinco años del nivel inicial.
Hace aproximadamente un año comprendí que estos materiales, que tanto me habían ayudado en mis clases, también podían ser útiles para otros docentes, familias y alumnos.
Gracias a Rubén Pron, mi mentor de siempre, conocí a Georgina Rantica, quien me orientó sobre los primeros pasos para transformar aquellos cuadernillos en un proyecto editorial. Me explicó la importancia de construir una marca, crear un personaje propio y desarrollar una identidad visual.
Posteriormente, Georgina me puso en contacto con Ana Stutz, con quien comenzamos a darle forma a lo que hoy es Arandú Cuadernos.
Iniciamos un trabajo de revisión de contenidos, consignas, actividades, imágenes y diseños, buscando que cada publicación tuviera una identidad propia y una presentación de calidad.
Los cuadernos están elaborados tomando como referencia los diseños curriculares y mi experiencia docente. Mi objetivo es reunir los principales contenidos de cada grado de manera organizada y progresiva, respetando los tiempos y las etapas del aprendizaje.
Cada cuaderno está hecho a conciencia, con responsabilidad y un profundo respeto hacia los niños y hacia la educación.
Hoy también tengo un propósito muy claro: que los niños puedan alejarse un poco de las pantallas y recuperar el hábito de leer, escribir, pintar y aprender trabajando con sus propias manos.
No estoy en contra de la tecnología, porque reconozco su importancia, pero considero necesario encontrar un equilibrio. En un contexto en el que tanto se habla de la crisis educativa, creo que debemos recuperar hábitos fundamentales como la lectura, la escritura, la concentración y el placer de aprender.
Quiero que los niños vuelvan a disfrutar de un cuaderno, de un lápiz y de la satisfacción de descubrir que pueden aprender por sí mismos.
Este año tuve una de las mayores alegrías de este recorrido: Arandú Cuadernos participó en la Feria del Libro de Rosario de la mano de la Librería Municipal EMR.
Fue una experiencia muy significativa porque logramos vender todos los cuadernos destinados a la feria. Ver que aquellos materiales que comenzaron en mi casa llegaban a otras familias fue una enorme satisfacción.
Y lo más importante es que los cuadernos continúan disponibles para la venta en la Librería Municipal EMR de Rosario, lo que representa una oportunidad para seguir dando a conocer nuestro trabajo.
Actualmente también estoy contactando librerías de Buenos Aires y de distintos lugares de Santa Fe, con la intención de ampliar su distribución.
Mi gran sueño es que Arandú Cuadernos llegue a todo el país, porque confío en estos materiales y en el trabajo pedagógico que hay detrás de cada página.
Seguimos desarrollando las colecciones de Lengua y Matemática del primer ciclo, además de nuevas propuestas de Caligrafía, Lectura y tablas de multiplicar. Y tenemos otro desafío que nos entusiasma: participar en la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires en abril de 2027.
En este camino hubo personas muy importantes: Guillermo Lapenna, Rubén Pron, Georgina Rantica y Ana Stutz. También las familias que confiaron en mí desde el comienzo y nunca me soltaron la mano.
Y, especialmente, mis hijos Milagros y Rodrigo Rossi, y toda mi familia, que siempre estuvieron acompañándome y apuntalándome.
Cuando miro hacia atrás y recuerdo aquel salón lleno de niños, los pizarrones, los libros y las largas jornadas de enseñanza, me emociona pensar en todo lo que nació de esa experiencia.
Arandú comenzó como una forma de ayudar a los niños que venían a mi casa. Hoy sueño con que esos mismos materiales puedan acompañar el aprendizaje de niños de toda la Argentina.
Porque detrás de cada cuaderno hay una historia, años de experiencia y, sobre todo, una profunda vocación por enseñar.





